El aviso para embarcarme vino un par de días antes de lo que tenía calculado, así que el plan que tenía hecho para la semana se fue a pique. Corriendo llené una maleta y una mochila con cierto criterio (que no dio para meter el cargador del móvil) y para Tenerife tiré con el fotingo para dejarlo allí a la venta y embarcarme después.
Como ven el barco es un carguero con el puente a popa. Los ejercicios mentales para llegar preparado para lo peor no tuvieron uso práctico. Tengo un camarote chiquitito con baño, cama amplia, un ropero y nevera. Si hago los días suficientes además de la convalidación para el título profesional, por lo visto el gobierno japonés podría concederme un título de hijo adoptivo ;)
En realidad es la mitad del camarote del armador, la otra mitad es la oficina de carga. La parte buena es que estoy justo debajo del puente, menos escaleras para llegar a la guardia de navegación. Tampoco desmerece el estar justo al lado del bote salvavidas, aunque esta ventaja espero no rinda beneficios…
La tripulación, buena gente, que es lo que más me preocupaba. Hay roces típicos entre escalafones de autoridad, pero bien llevado. Son tres en máquinas (que pasaran a dos esta semana), tres en puente (conmigo cuatro), cocinero, contramaestre y marinero.
Dada la naturaleza del barco, lo justo de la tripulación y el pelín de obsolescencia que tienen los equipos de puente, realmente es un barco ideal para aprender. Ya cuando sepa más no me parecerá tan romántica y estupenda la situación, pero por ahora me viene de perlas.
Además del trabajo típico de puente me toca ayudar en las maniobras de atraque y desatraque en la popa. Y mientras hay trabajos de estiba o la situación lo requiere, pringo en las guardias de cubierta cuando no estamos navegando.
Por ahora estoy en la guardia de 12 a 4 con la segunda oficial, en teoría en breve me pasarán a la de 4 a 8 con la primero.
Cuando embarqué en Tenerife se estaba descargando un completo de grano, cebada y trigo. Personalmente no deja de maravillarme presenciar este tipo de etapas normalmente ocultas en el trasiego del mercado global que nos abastece. Y si sumamos lo que disfruto viendo funcionar enormes aparatos maravillas de la ingeniería, pues dentro del tedio de la espera el panorama es bastantemente entretenido.
La primera noche antes de la guardia me di una vuelta por el muelle, que al estar alejado de la ciudad era una de las pocas alternativas que había para estirar las piernas. De vuelta al barco tras curiosear entre los vecinos de todo tipo (tres que zarparon al rato, esto no es La Luz…), vi a lo lejos un señor cargando un saco con el grano que había quedado en el suelo de la descarga del día. Antes de llegar donde él le pregunté: ¿Qué, un puñito para plantar en la finca?
En según me acercaba y él me respondía que no, que era para venderlo, vi entre los pilones escondidos unos 6 sacos llenos ya. A partir de ahí el hombre empezó a contarme su vida sin dejarme meter baza. Yo con nada mejor que hacer para llenar el tiempo y mientras el viento fresco no mordiera más, disfruté el monólogo:
Mira mi niño, yo me dedico al cambuyón, bueno, me dedicaba, porque aquí ya está muerto. Entre que el tráfico se va para Las Palmas y que aquí cada vez ponen más pegas, ya no es negocio. Y aquí estoy, recogiendo esto que hace unos años no le habría hecho caso, pero tengo un pivito de 16 años que tengo que sacar pa’lante.
Porque yo podría estar rico, en los buenos tiempos podía hacer 500.000 pesetas en un rato. Pero Dios no me dio cabeza y además siempre fui un putero de cojones. Me iba pa’llá pa’ Las Palmas de viernes a lunes y me acuerdo que hasta los recepcionistas ya nos tenían un catálogo para que eligiéramos. Y cuando no, de juerga por aquí hasta que se acababan las perras, volvíamos de madrugada y trapicheando unas cuantas cajas de calamar sahariano o de langostinos ya teníamos para volver a casa tranquilos.
Y ahora aquí me ves, medio escondío, porque ya ni la Guardia Civil te deja tranquilo. Los da ahora sólo quieren galones y más paga, los de antes sabían que te estabas buscando la vida y te dejaban trabajar. Hasta me acuerdo de una vez que sacando una maroma que perdió un barco hasta el sargento y un guardia me echaron una mano para tirar de ella y meterla en el camión… Y cuando me veían de trapicheo sin que se notara me seguían hasta la garita de entrada para que los guardamuelles se cortaran y no me pidieran un soborno para pasar.
Eso sí, yo en navidades les organizaba una cena en condiciones con lo mejor del marisco que pasaba por aquí…
Pero los de ahora que si facturas, que si el coche no tiene tarjeta de transporte… Mira tú si es película para recoger esta mierda que la va a recoger La Esponja del Teide para tirarlo en un vertedero o, como cuentan algunos, si es grano va para la finca con caballos que tiene el dueño en La Gomera… Y entiendo que se pongan un poco duros porque hay peleas por venir aquí a recoger, pero una vez llegas y no hay nadie más, coño, que dejen a uno trabajar…
Y él seguía llenando sacos y hablando. Si estos son sus cuentos a un desconocido, qué serán los que tiene para los amigos… Me despedí y lo dejé cargando la caddy de sacos de centeno.
Tras un festivo inactivos, al siguiente día de descarga me acordé del cambuyonero cuando la chupona se puso a tirar unos cientos de kilos de trigo limpio al suelo al equivocarse el operario y activar la posición sin camión debajo.
Y a la noche estaba allí él otra vez privado y con un ayudante esta vez. Mientras el ayudante llenaba sacos sin tino nuestro rapsoda se activó según lo saludé y dejó al otro sudando mientras se explicaba:
Ayer por el centeno sucio me pagaron na' más que 3 euros el saco, pero lo de hoy es trigo limpito y además se dice que va a subir de precio, así que éste lo guardo en mi casa una temporadita.
Na’, aquí el cambuyón está muerto y ya no puedo abrir otra vez el taller de chapa y pintura que tenía, piden muchos papeles. Me da que la semana que viene tiro para Las Palmas a ver si busco la manera de empezar a traer mercancía de allá, que los de allí si son espabilaos. Que los hay con naves, con negocios… Esos sí tuvieron cabeza, no como aquí que nos lo fundimos todo. Y además siguen teniendo flota para negociar… La semana que viene cojo el Armas y tanteo a ver si la Guardia Civil está muy quisquillosa, que ya sé de alguno que está trastiando de allá pa’cá…
Hay que empujar el grano hacia la chupona...
Más de tres viajes dio esa noche, también por no llenar mucho el coche no fueran a pararlo. Y eso que tenía medido el horario de los cambios de turno.
Dejó para el contramaestre una caja de cerveza y una botella de vino por no haberse chivado la primera noche. Por la cantidad de explicaciones y detalles que me dio de dónde consiguió los obsequios por un precio estupendo, me huelo que no pagó un céntimo por lo que regalaba…
En fin, hay otros mundos, pero están en el muelle ;)
Mañana zarpamos para el puerto de La Spezia, en Italia. A ver si tengo cobertura mientras subimos el Mediterráneo y les cuento un poco de la carga en Algeciras, que estos cabrones de Acerinox trabajan las 24 horas del día sin parar…
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