domingo, 17 de abril de 2011

Invergordon



El paso por el Canal de la Mancha es entretenido:  más tráfico del que solemos tener en mar abierto, boyas por doquier, barcos-faro, vías reguladas para circular que se asemejan a carreteras –con rotondas incluidas-, parques eólicos marinos, bosques de plataformas petrolíferas…   En la línea habitual que llevamos la mar estuvo increíblemente tranquila.  Sólo al llegar a la entrada de la enorme bahía empezaba a desatarse un temporal de fuerza 9, pero ya con el abrigo de la costa sólo nos importunó el viento.



Invergordon está considerado el mejor puerto natural de Europa.  Es una bahía amplia y profunda rodeada de granjas y pequeños pueblos, amén de la estación que recoge la producción de las plataformas de la zona. 
En el puerto éramos el único barco comercial.  Nos acompañaba una plataforma y un supplier gigantesco.  Por norma en el puerto además de las plataformas, en verano hacen escala los cruceros.  Además de ser un puerto cómodo el Lago Ness está cerca, así que se pasea a los turistas por los Highlands y se les procura vender la producción de las destilerías locales.



Antaño se ubicó allí una importante base naval, que acabadas las tensiones con los vecinos europeos dejó de tener sentido.  Sin embargo sigue siendo recordada en diversos ámbitos por ser el escenario de la última huelga militar que sufrió el imperio británico.
En 1932 la crisis mundial obligó al gobierno a un recorte de los salarios de los funcionarios y militares (¿suena familiar?).  En los cálculos que hicieron los burócratas se ve que se les fue un pizco la mano y a algunas escalas militares el recorte que se les vino encima fue del 25%.  Y claro, una cosa es el amor a la patria remunerado y otra muy distinta el cariño mal pagado.
Enterada la tropa empezaron a realizar asambleas que fueron disueltas, pero el runrún prosiguió en las cubiertas de los buques de guerra.  Finalmente empezaron a dejar de realizar todas las funciones que se les encomendaban salvo las esenciales de mantenimiento.  El ejemplo fue corriendo de barco en barco y según llegaban a atracar nuevas unidades, la tropa se unía a la huelga.
Es curioso ver en las crónicas el énfasis que se hace en que los modales no se perdieron en ningún momento hacia los oficiales.  Me imagino a los marineros respondiendo “ mi teniente, con todo respeto, va a soltar amarras su puta madre –que es una santa a todos los demás efectos-“.
El caso es que el gobierno consideró reprimir la rebelión por la fuerza, pero se entiende que para eso tuvieron dos dedos de frente y vieron que un montón de tíos entrenados y con armamento de sobra a su disposición no es tan fácil de someter como un panda de hindúes pegando gritos con cuatro palos en las manos.  Finalmente se optó por una negociación que en pocos días redujo el recorte.
Lejos de acabar aquí el cuento la historia sigue hasta algo que debiera ser más familiar que los recortes salariales en tiempos de crisis, pero que no lo es…
Una vez solucionada la huelga, que supongo tuvo otras expresiones en otros estamentos con resultados similares, el problema primigenio del presupuesto seguía pendiente.  Al gobierno no le salían las cuentas.  Con la que estaba cayendo cualquier gobierno democrático que subiera impuestos o recortara salarios iba a caer en picado, pero eran las únicas alternativas que había.






























Y ahí es donde los políticos nos metieron un gol que todavía estamos padeciendo.  Dos meses después de la huelga de Invergordon, el gobierno británico abandona el patrón oro, pasando el dinero a tener el valor que dicte la autoridad.  De esa manera podían imprimir todos los billetes que les diera la real gana, con lo que cobraban un impuesto oculto detrayendo valor a la moneda en curso y al mismo tiempo reducían el valor real de los salarios que pagaban.  Así casi todos respiraron tranquilos, unos por espabilados, otros por ignorantes.  Y al igual que ahora, a la minoría que se escandalizó por tamaño robo, los espabilados y los ignorantes les dieron de lado no fuera a ser que les rompieran aquel nefasto -pero tranquilizador- arreglo…




De vuelta a Invergordon, es un pueblito pequeño.  Un puerto, dos pubs, tres supermercados, cuatro hotelitos, cinco restaurantes, seis iglesias de distintas confesiones…  Es un sitio curioso en varios aspectos.  Paseando un viernes por la noche choca que los restaurantes abiertos son sólo de comida para llevar: un wok, un chino, un hindú y un kebab.  El único que hay con servicio de mesas está cerrado.
Hay una iglesia anglicana, una católica, una evangelista, una presbiteriana, otra mormona.  Incluyo también en esta categoría un templo masón de la logia Ness.
También tienen un club de golf y otro de tenis, aunque intuyo que serán instalaciones compartidas con los pueblos aledaños.
Los pubs son bastante penosos.  Esperaba uno algo con más encanto y tradición, pero son dos salones mal puestos con una barra.  La falta de competencia tiene estas cosas.  Visto lo visto los fines de semana se ponen las botas.  Allí acuden socializar y desinhibirse con la excusa de los efluvios etílicos.  Aunque viendo que la longitud de las faldas no puede medirse en centímetros a pesar del pelete que hacía, tiene que haber algún otro motivo que el de la desinhibición para tremendas chispas.  De hecho uno de los pasatiempos de los niños que están por las calles es apostar entre ellos si el que viene por la calle va tajado o no…  Conmigo ganaron los segundos.  Y lo celebraron como una gran cosa…





Poco más que contar del paso por Escocia.  Como verán en las fotos la nieve estaba cerquita, en las montañas bajas cercanas al puerto.  Y la plataforma incompleta que está a la salida de la bahía está pendiente, según cuenta el práctico, para ver si la compran para convertirla en un hotel o un complejo de apartamentos a saber dónde.








En fin, disfruten la Semana Santa J

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