domingo, 27 de marzo de 2011

Le Treport

Tras salir de la pesadilla de Casablanca volvimos a Ceuta a por combustibles.  Además del fuel normal tuvimos que cargar fuel bajo en sulfuros, que es de uso obligatorio en lo que se denomina la “zona seca” -zonas ECA, de Emisión Controlada-, que viene a ser a partir del norte del Golfo de Vizcaya.
Fue una breve parada de tres horas, pero tuve tiempo de darme una vuelta y comprobar que la ciudad ha mejorado mucho desde mi última visita y, al menos la parte baja, está mucho más tranquila y acogedora.

Rumbo al norte de Francia finalmente Finisterre fue Finisterre.  Durante tres días una mar de fuerza 6 sólo nos permitía dormir cuando el agotamiento era mayor que los bandazos.  Quitando ese pequeño detalle y la incomodidad de lidiar con un plato de cuchara en las comidas, es hasta entretenido.  Además, yendo con carga el barco tiene un comportamiento mucho más estable que cuando toca ir en lastre.

Llegamos a la zona de Le Treport en medio de un ir y venir de pequeños pesqueros.  Aquí son de formas un tanto atípicas.  Muy cortos, muy anchos y con mucha obra muerta.  Parecen como de juguete Famobil a lo bestia.  Esta zona es buena en pesca y marisco, mucho buey de mar, ostiones, langostinos…

Fondeamos a la espera de la marea.  Era ya de noche y el único práctico que hay aquí cuatro horas al día ya estaba liado con el Lancaster, que nos adelantó durante el baile gallego, así que habría que esperar a las tres de la tarde del día siguiente.
Estando en mi camarote escribiendo unas cuantas líneas y sopesando la opción pesquera para llenar el rato hasta mi guardia, escuché un golpe de agua, como si algo hubiera caído por la borda.  Seguidamente escuché más voces de las habituales en cubierta para las horas que eran.  Al no tener un tono exaltado no me preocupé, me dispuse a terminar el párrafo que tenía entre manos para bajar a curiosear.
Al intentar abrir la puerta para salir me tropecé con un francés con casco de seguridad y salvavidas que me cerró la puerta un poco sin querer.  A bote pronto supuse que era el práctico que habría cambiado de planes, pero si lo era no tenía por qué estar en la oficina de carga. 
En mi segundo intento me vi a otro elemento de la misma guisa.  Extrañado supuse que venían dos prácticos en lugar de uno y que estaban allí para decirle al capitán que íbamos a entrar sobre la marcha.  Pero al conseguir salir por fin me tropecé con un tercero (ya era mucho práctico para un muelle tan chico) que además llevaba una pistola en una funda colgada del muslo.  Mientras mi ceño se fruncía en un intento de expresar “¿qué coño es esto?” en francés, la segunda oficial me dijo que era una inspección de aduanas.
El ruido que había escuchado era el de la zodiac de los Hommes d’Harrelson asaltando nuestro buque por la popa.  9 gorilas que sin nada mejor que hacer venían a rompernos el ritmo y tocarnos las narices por prescripción gubernamental.  Un abuso impresentable de los muchos que poco a poco los gobiernos nos imponen “por nuestra seguridad” (y una mierda).

Me extrañó que no trajeran chucho, pero en cambio tenían una curiosa maleta que –creo- hacía las mismas funciones.
Una vez estuvieron todos a bordo y la patrullera nos alumbraba desde cierta distancia, nos metieron a todos en la cámara de oficiales vigilados.  Nos tuvieron allí un buen rato mientras revisaban los papeles con el capitán y, sospecho, pasaban la maleta por los camarotes y demás estancias que no podíamos controlar desde el comedor.
Más tarde empezaron a venir con la lista de bienes declarados y nos llevaban uno por uno a registrar nuestros camarotes en nuestra presencia.
A mi me manosearon toda la ropa, cajones, maletas…  Aunque como al verles torpes al abrir las gavetas que hay bajo la cama les ayudé a levantar el colchón para que pudieran verlo todo de un vistazo, mucho más énfasis no pusieron.  Podía haber tenido un fardo en la parte baja de la cama y no lo habrían visto.  Me preguntaron si tenía más de 10.000 euros, tabaco, droga o alcohol, y como todo fue un no, me devolvieron a la reunión obligatoria.



Sin embargo a uno de los marineros le desarmaron todos los muebles destornillador en mano.  Tal vez fue porque estaba un poco nervioso al tener un cartón de tabaco de más en la manga de una chaqueta.  Tal vez fue porque ejerciendo de gallego tiene un montón de ajos en la maleta por las meigas y los jeiperman estos pensarían que eran para despistar a los perros.  Tal vez porque la maleta cantó algo raro…  El caso es que revisaron todo minuciosamente, menos la manga de la chaqueta.

Luego estuvieron revisando todas las zonas comunes, el castillo de proa…  Hicieron amago de querer entrar en uno de los depósitos de lastre, pero cuando se les dijo que tenían que desmontar unas planchas estupendas decidieron que una cosa es joder la marrana al prójimo y otra joderse uno mismo.  Y para lo segundo no cobran.

No es que me vaya a quedar un trauma ni nada parecido, pero es una vivencia innecesaria, humillante, incómoda, excesiva…  Tantos recursos, tanta mano de obra, tantas molestias para actuar contra gente inocente que no da ningún motivo para semejante trato.  Y al final tanta mierda para nada. 



Pero en fin…, como el Señor aprieta pero no ahoga, el día siguiente amaneció con un solecito de agradecer, cierta bruma y una linda vista del puerto de destino.
Le Treport es una brecha abierta entre dos imponentes acantilados de piedra blanca.  La entrada del puerto es bastante angosta y a los lados se ven pintorescas casas que irradian historia y diría que cierta bohemia.  Estando un pizco más al sur de Calais, es irremediable que con todo no puedas dejar de percibir la fuerza de un escenario tan trillado por el cine con la Segunda Guerra Mundial…



La maniobra de entrada sabíamos que era delicada y lo fue más al clavarse el ancla que largamos para frenarnos en la bocana.  Mientras los de proa sudaban para sacar el hierro del fondo, en popa disfrutábamos las vistas mientras los turistas nos hacían fotos.  Captó nuestra atención un túnel que orada el acantilado del sur.  Es un funicular que antaño llevaba a un gran hotel en la cima, ahora es un transporte gratuito para subir al barrio alto o disfrutar del mirador que allí tienen.  (El hotel lo demolieron los alemanes al considerarlo una ayuda a la navegación de los aviones aliados).



Recuperada el ancla pudimos pasar la compuerta que protege el dique de las mareas, de lo contrario hubiésemos quedado encallados durante 10 días, que es lo que suelen tardar las mareas amplias que permiten a barcos de nuestro calado entrar en este pequeño puerto con carga.



Salvo que haya muy mala mar, por norma agradecemos las travesías largas.  Mientras navegamos el ritmo diario es llevadero.  Haces tus guardias, duermes a las horas que te programas, aprovechas el tiempo libre…
Por ahora tengo las guardias de 12 a 4, duermo hasta la hora de la comida (11 y media) y el resto del tiempo ahora lo aprovecho con el primer oficial para ir aprendiendo los cálculos de estiba, estabilidad y demás cosas que me quedan pendientes.
Sin embargo las llegadas a puerto son una locura.  Se rompe el orden establecido y tenemos que adaptarnos al horario de trabajo de los estibadores.  Si trabajan 24 horas, nosotros también.  Si tienen festivo, nosotros también. Es más habitual lo primero que lo segundo.  La regla es estar en puerto lo menos posible por interés del armador y, dado que nos relacionamos con industrias que van a todo trapo en muelles especializados, las operaciones en puerto son un tanto estresantes.
El que más sufre en puerto es el primer oficial, que tiene que mamarse todas las operaciones y según zarpamos, haya dormido mucho o poco, tiene que incorporarse a su guardia.  Yo como alumno soy el menos damnificado, pero también me llevo lo mío.  Y lo que no me reviento a guardias, lo quemo caminando y paseando todo lo que puedo y me dejan, que mentalmente es muy saludable mantener un pie en tierra.  Máxime si acabo pegándome la panzada planeada hasta noviembre…
Por eso agradecemos las travesías largas, para recuperarnos de las palizas en tierra.  Y con esa dinámica espero que entiendan que hasta ahora no he estado muy suelto para ponerme a juntar letras… (Movistar tampoco ha ayudado mucho en los ratos que he tenido cobertura por las costas españolas).



Les cuento esto porque al ser Le Treport un muellito de juguete y al adelantarnos el Lancaster, para nuestro gozo aquí no se trabaja el fin de semana y la jornada acaba sobre las 6 de la tarde.  Habiendo llegado en jueves y viendo la pala de aficionados que tienen para descargar, vamos a estar aquí hasta el lunes o el martes (si no llueve).  Y con dos días de relax total.



Ya el primer día que me dejaron salir me hice una ruta de reconocimiento de unos 20 kilómetros.  Localicé los restaurantes interesantes, las ofertas llamativas, monumentos, bancos, Alcampo… y el McDonald’s con wifi para ponerles al día (me pilla a unos 30 minutos caminando desde el barco).
El segundo día nos enteramos que de aquí partimos hacia uno de los muelles más al norte de Escocia, así que aproveché y fui a comprar ropa de abrigo, que ya por Bristol escapé justito.
Ayer empecé tirando para el McDonald’s a colgar unos cuantos posts que tenía pendientes.  Por la noche ya fui a dar una vuelta tranquilito esperando ver la vida nocturna de un viernes en este enclave turístico…



Le Treport supongo que nació como pueblo pesquero y el muelle tendría su movimiento comercial.  La Iglesia es del siglo XIV y se acabó en el XVI, así que tenía que haber vidilla por aquel entonces para haber podido financiar un templo así.
En el XIX hubo un cambio drástico.  Las playas de la zona se convirtieron en lugar de veraneo de la sociedad parisina.  Se construyó el gran hotel del funicular y a la otra margen de la bocana floreció un barrio de residencias estivales.  Como podrán observar en las fotos las florituras y estilos arquitectónicos aún evocan tiempos de vino, rosas y demás sustantivos con evocaciones hedonistas.  Es curioso ver que la inmensa mayoría de las casas tienen nombre: Villa Suzanne, Amanecer…  El que más me ha gustado es el de un cachondo que le puso a su villa “RIP”, descanso en paz, infiero…
El sitio es acogedor, muy agradable para pasear, bonitas vistas, marisco...  En verano debe de ser un hervidero de gente.  Las playas de cayados que sólo dejan ver la arena en marea baja, ahora sólo ven algunos pescadores pasando el rastrillo buscando moluscos.  En temporada alta lo deben tener más complicado.  El centro del pueblo que en verano debe de estar lleno de vida y movimiento, ahora es un muerto.




Los únicos turistas que se ven en esta temporada son los que están en los parques de caravanas.  Jubilados que llenan sus días dando rueda por el continente.  La vida nocturna y la juventud está toda fuera, en las poblaciones más al interior.  Aquí todo cierra temprano.  Ciertamente es un sitio ideal para una escapada relajante y puede que hasta romántica en temporada baja.



Tan parada está la cosa que ayer dando una vuelta con el marinero, buscando donde echar la arrancadilla nos encontramos que la única opción a las 12 de la noche era el casino.  Para nuestra sorpresa no fue una mala alternativa para copas.  Están más baratas y son más grandes J
Pero como casino es bastante deprimente.  Un chorro de jubilados pegados a un chorro de tragaperras, dos mesas de black jack y otras dos de ruleta (una de 36 casillas y otra de 9 –curioso-) a las que nadie hacía caso, la barra del bar y el restaurante cerrado ya a esas horas.



Hoy sábado se ha notado un poco más de movimiento.  Por la mañana se instala un mercadillo de pescado que tiene buena pinta y buenos precios.  A la tarde se nota que los vecinos de las inmediaciones vienen a pasear y echar la cena.
Para comer hoy he asaltado un restaurante que tenía una oferta de “Mejillones a voluntad” por 12 euros.  Se salvaron porque quien me acompañaba optó por un menú y me daba apuro tenerlo esperando por mi tras media hora.  Ya en la tercera ración me miraron raro.  Y para conseguir la cuarta me estuvieron esquivando un rato…
Para a cena fui a probar un local con una decoración estridentemente colorida sin perder el buen gusto.  Al no haber nadie del personal perdiendo aceite notablemente, extrañamente, el ambiente era placentero.  Pero faltaba la loca llevándote a la mesa…
Pedí el menú degustación para medir ya algo de gastronomía gala.  Craso error.  Aquí me temo que hay que ir a por materia prima, el cocinero de ese restaurante lo será porque lo pone la nómina.  Y me temo que este rincón de la costa francesa no contribuye en nada al afamado nivel de los fogones de este lado de los Pirineos…




Ahora llueve copiosamente, como dan fe mi pantalón y mi chaqueta.  Si mañana recuperamos el sol de invierno que nos ha acompañado los últimos días haciendo llevaderos los 6 grados a la sombra, tras ir a misa y darme un paseo para mandarles estas líneas, a ver si pillo un buey de mar y unas cuantas vieiras que me quiten la insipidez de la cena que acabo de sufrir.





Para acabar esta retahíla, tres cosas que me han llamado la atención:  Por un lado un pequeño negocio que elabora conservas enlatadas con la materia prima local.  De buena pinta al menos la presentación.  Hacen paquetes surtidos con distintos mariscos, pescados y recetas que los turistas deben comprar bien.  Es un concepto de negocio novelero…
Por otro me ha sorprendido que inusualmente, aquí la inmensa mayoría de las estaciones de radio comercial tienen programas casi todo el día de gente hablando.  Poca radio fórmula.  Lo que no tengo claro aún si es por inquietud intelectual o porque la música francesa es una tortura inhumana.
Por último, es desconcertante el no ver a nadie reír.  En los pubs ves a la gente joven sentada, hablando como en un velatorio.  Cierto que no pueden contar con ayuda etílica en vista de los precios.  Pero a esta gente le falta sangre. 
Bueno, en honor a la verdad, el dependiente de una farmacia se estuvo descojonando media hora cuando el marinero fue a pedirle “plantillés pere les pieés”, con los labios apretados y para fuera.  Se dio cuenta de que el galleguiño estaba “““intentando””” parlar francés, pero en plan chiste, por lo que no podía haber entendimento (casi nadie habla ni inglés…).  Si el episodio se vuelve a repetir en Escocia veo a nuestro hombre pidiendo “plantilleishons”…




Bueno, ya volveré a conectarme cuando llegue a Pasajes para la descarga de chatarra escocesa del puerto de Invergordon.  Saludos a tod@s…

2 comentarios:

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  2. Qué maravilla saber de ti!!! Has vuelto a ser, aunque en la distancia, mi compañía, mi relax y mi terapia del dia.
    No sé qué me gusta más, si leerte o ver esas magníficas fotos donde nos dejas ver lo que tu ves.
    Amigo,sabes que te echamos de menos, pero podrías ser un tanto benévolo y subir alguna foto tuya...ya sabes, momento guiri y que te hagan foto junto al monumento de turno.
    Un gran abrazo!!!!

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