viernes, 25 de marzo de 2011

Avonmouth

Según entrábamos en la Bahía de Bristol nos envolvía una niebla que, combinada con el color charco embarrado que tenía el agua, creaba un entorno un tanto surrealista.  El frío seguía acompañándonos, pero la mar seguía regalándonos su estado tranquilo.
Tras haber remontado por primera vez un río en Waterford, ahora iba a usar por primera vez una exclusa.  El puerto de Avonmouth tiene mareas de 12 metros, y de no estar protegido por compuertas la bajamar nos dejaría asentados sobre el lecho marino, pues con un metro de agua este bicho no flota mucho… J

Hasta ahora la aproximación por Bristol ha sido la más entretenida, tanto por el paisaje como por haber llegado con la caída de la tarde.
Antes de llegar a la esclusa me llamaron la atención tres cosas especialmente:  una pequeña isla con un faro y dos fincas, un internado en la costa con pinta de ser de Harry Poter rodeado de barrios residenciales de buena planta y un par de imponentes puentes que cruzan la bahía.
Embobado que estaba disfrutando el paseo no pillé la cámara, pero si les pica la curiosidad, en Google Earth pueden usar la aplicación de navegar como en un barco y disfrutarlo ustedes en el ordenador…



Ya en la exclusa y en el muelle me chocó la inexistencia de defensas, por lo que tuvimos que sacar por primera –y hasta ahora única- vez las del barco, que con el pelete que hacía fue un trabajo que supo un poco a cuerno quemado.
Atracamos junto a una colina de chatarra triturada y lejos de todo atisbo de civilización.  Con la idea de dar una vuelta por la zona en la tarde libre que teníamos le pregunté al consignatario cómo ir a la ciudad.  Dado que su respuesta fue: “Está a tomar por culo y es una puta mierda”…, sumado a los problemas del cambio de moneda y carestía de los taxis por aquellos lares, el paseo queda pendiente para otro viaje con otro atraque si llega.



Una de las labores que hay en el puente es corregir regularmente las cartas y las publicaciones de navegación.  Para ello hay una publicación semanal, el Notice, que se hace llegar al barco cada vez que se puede según toque puerto.  Es algo que hay que hacer, amén de los motivos obvios, porque es una de las cosas que te inspeccionan con cierta regularidad las autoridades competentes. 
Muchas veces lo ves como una manera de llenar la guardia cuando tienes la proa libre y está todo tranquilo.  Pero cuando llevas media hora descorrigiendo lo que corregiste del anterior Notice, pegando textos idénticos al que estás anulando, o apuntando perogrulladas inútiles…, entonces pasa de ser un pasatiempo a una soberana tocada de pelotas.
Por ejemplo, se ve que en las oficinas inglesas hay un funcionario nuevo que es un pejigueras soplagaitas.  Su antecesor tenía puesto en los faros el rango en el que las luces no eran visibles, por lo tanto, en el resto de la circunferencia la luz es visible.  El tocapelotas nuevo nos tiene ahora poniendo en todos los puñeteros faros que va visitando el rango en el que no se ve y el rango en el que se ve.  Y pobre de ti como no lo pongas en la publicación.  Publicación que, por si fuera poco, no he visto utilizar nunca, pues entre el gps y la información que tienes en las cartas no precisas recurrir ya a los faros para ubicarte.



Así que dentro de lo que cabe no haber podido bajar a pasear por la pérfida Albión pudo ser lo mejor.  De repente me tropiezo en un pub a uno de los funcionarios que publican el Notice y a saber lo que le suelto con la tirria que les tengo a ratos…





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