Por culpa de los temporales en la zona mientras estábamos en Sevilla, al llegar a Ceuta para hacer consumos la lista de espera era de dos días, así que lo dejamos para la vuelta y seguimos hacia Casablanca a cargar Fosfatos.
Como es habitual en los puertos africanos a la llegada tuvimos que fondear en espera de que nos tocara entrar. Aquí se suma lo inusitadamente pequeño que es el puerto para tamaña ciudad con la ideosincrasia de los lugareños.
Dos días y medio tuvimos que esperar fondeados con una mar más dura de lo que habíamos visto desde que embarqué. Comenzó a llover y eso hizo que la demora se prolongara, dado que no se puede manejar esta carga en esas condiciones. La visión de la mega-mezquita que el rey alahui hizo pagar a sus súbditos es novelera el primer día, con el tiempo uno se acostumbra a todo.
Finamente nos tocó entrar, mas con la lluvia acompañándonos tuvimos que esperar un día más atracados para empezar el trasiego. La espera con mala mar no nos tenía de un humor espléndido, a ello se sumó lo desagradable de trabajar en el muelle en el lodazal de fosfatos. Por si fuera poco, en Marruecos el nivel de seguridad sube a 2, por lo que no se nos permite salir del barco. Y por si fuera poco nos quedaba lidiar con los marroquís…
La Terminal de carga de fosfatos sólo puede lidiar con dos barco a un tiempo y, cuando estábamos allí, por motivos que desconozco, sólo con uno. Sólo para mover en cintas transportadoras ese polvo, molesto a más no poder, la planta cuenta con 250 empleados. Supongo que aquí se aplican las teorías keynesianas a piñón.
Todo el tiempo ves innumerables operarios paseando sin hacer nada, otros sentados toda la jornada. Mucha gente y poca acción. De hecho durante nuestra estancia sólo vimos moverse una grúa de todas las que se veían del muelle...
En las visitas habituales al barco, consignatario, surveyor, etc.., en lugar de venir una persona por puesto venían de dos en dos, a veces tres.
Con lo del nivel de seguridad nos colocaron un vigilante local, supuestamente para ayudar en la vigilancia y evitar la subida de polizones. De facto es un bulto sospechoso que tenemos que controlar en todo momento.
Por lo menos las primeras 48 horas nos tocó uno tranquilito. Se pegó dos días durmiendo y sólo se levantaba y hablaba para pedir comida. Luego le sustituyó un espabilado que se movía más de la cuenta y repartía la comida que le dábamos con los dos polizones que pillamos la última noche antes de salir intentando esconderse en la proa.
Resultaba desagradable toda visita. Según entraba pedían tabaco, cuando se les decía que no pedían jabón, o un poco de queso. Y estamos hablando de gente supuestamente bien situada y bien colocada en la sociedad capitalina marroquí.
Cuando se acercaban al capitán para ver si rascaban algo y preguntaban “¿todo bien mi capitán?” la respuesta era indefectiblemente un “NOOOO, TOOODO ES UNA MIERDAAA”. Por lo visto es la única manera de romper la liturgia que desemboca en la generación de compromisos y peticiones variopintas.
El atraque de fosfatos es un sitio lúgubre. Para tanto empleado en un sitio tan simple es penoso el estado de mantenimiento. Montañas de polvo por doquier, incluso en techos que corren el peligro de hundirse por exceso de peso. Un árbol muerto por sobredosis de este fertilizante y falta de cariño, supongo. Roturas en el edificio de las que nadie se preocupa. Una pala que pasa para limpiar el suelo que sólo hace dos pasadas en todo el día…
En aquel pintoresco visor de la sociedad marroquí la meritocracia no tiene sentido. Es un sistema de clases puro y duro con unos protocolos claros y definidos.
En el saludo se ve claramente quién es quién en función del tiempo que se da la mano y la atención que se presta a los gestos de cada cual.
A punto estuvieron de escorarnos el barco porque no había nadie que hiciera caso del primer oficial desgañitándose para que pararan y tuvo que saltar a tierra a mover el conducto de descarga. Cuando la orden partía de un jefe local ésta era un leve movimiento de la mano, casi imperceptible. Automáticamente saltaba una cadena de silbidos y señas de los adláteres hasta que se ejecutaba la orden.
Es fácil entender el por qué todo movimiento político de oposición en estas latitudes es de corte socialista-comunista. Aquí la lucha de clases se masca en el ambiente. Lo malo es que pretendan aplicar un remedio tan malo como la enfermedad…
Como verán en los retratos el entorno a la otra banda era todo un collage: el yate del rey, flota militar, la mezquita, cruceros (vean el hombre sentado todo el día para vigilar la abertura sin cerrar que da acceso a la zona de los turistas)…
Y rumbo a Le Treport…
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